Modo hacer, modo ser

En nuestro día a día puede que a veces tengamos que enfrentarnos a unas exigencias o a unas circunstancias que sintamos que nos desbordan.

Esta semana concretamente, en un grupo en los que estoy dirigiendo el Programa MBCT, un participante  puso sobre la mesa la complicada “cruzada” en la que se ha convertido hoy en día la labor docente, en la que muchas veces más que centrarse en la enseñanza, lo que hay que lidiar es con la tarea de mantener bajo control la actitud de los alumnos. Este participante, por el que sentí desde el primer momento admiración y afecto, planteaba si en esos momentos que generan gran estrés y ansiedad  ¿es el momento de estar en el modo ser o quizá fuera mejor permanecer en el modo hacer?

Por lo interesante de la pregunta, aparte de la contestación que di en el momento, he reflexionado durante estos días sobre ella con el ánimo de aportar algo más.

El modo hacer en principio es un modo muy valioso en cuanto al desempeño práctico de las tareas y actividades, en cuanto a la planificación y consecución de proyectos y objetivos, y en cuanto a la resolución de problemas, como digo, de naturaleza práctica.

Lo que ocurre es que el hombre, especialmente el hombre occidental, ha convertido en un modo de vivir este modo mental que nuestro cerebro nos ofrece para desenvolvernos en cuanto a los asuntos prácticos. Esta capacidad de utilizar el pasado y el futuro en nuestra mente para que en base a las experiencias acontecidas y al aprendizaje se puedan prever resultados en el futuro, se ha convertido en una desconexión habitual del presente.

De tal manera, esta capacidad beneficiosa de poder recordar el pasado e imaginar el futuro se convierte en un constante movimiento, que por su habitualidad produce dispersión, inquietud y ansiedad a largo plazo. Este modus operandi nos lleva a basar nuestro tiempo en la consecución de acciones, es como si estuviéramos enganchados al hacer, no terminamos una cosa que ya estamos pensando en empezar la siguiente (sin darnos tiempo además de saborear el gozo de lo logrado)

Es tal la interiorización que tenemos de esta forma de vida, que aplicamos este modo de resolución, el modo hacer, para gestionar problemas de índole no práctica sino emocional. Y aplicamos nuestro pensamiento crítico racional al que estamos habituados: contemplamos la situación indeseada (que nos crea estrés, ansiedad)  y  contraponemos a ella la situación anhelada (que nos reportará serenidad y plenitud); descomponemos el problema en piezas ofreciendo posibilidades de acción que tratan de resolverlo en la imaginación; la “solución” se revisa una y otra vez para dictaminar su viabilidad y eficacia. Pero esta manera, idónea para tratar asuntos de naturaleza “práctica”, cuando se aplica a asuntos donde interviene nuestra identidad, nuestras emociones, nos suele llevar a intensificar el problema y con ello al sufrimiento pues al no poder resolverlos nos deja atascados en un “darle vueltas”, en un rumiar, con el afán de liberarnos de una situación que lo que hace es intensificarse con ese modo hacer.

El modo ser nos ofrece otro modo de estar. Se trata de situarnos en una posición en que tomamos consciencia de qué ocurre en nuestra mente, de cómo desconecta de la realidad a través de sobre analizar, interpretar y juzgar lo que pasa, lo que puede pasar y además de afianzarlo porque en el pasado ya ocurrió y volverá a ser igual.

En el modo ser simplemente  observamos justo lo que está ocurriendo en este momento y se abre una nueva dimensión a cómo relacionarnos con el acontecimiento. Quizá la circunstancia estresora a la que nos estamos enfrentando no pueda cambiar, pero a través del modo ser, la consciencia nos evita la ofuscación, el secuestro de nuestra libertad y  nos abre la posibilidad de elegir qué actitud tomar ante tales circunstancias.

El modo ser consiste en un cambio de perspectiva, un cambio de actitud interior, un nivel de consciencia que permite ver con claridad lo que está ocurriendo dentro de mí, mis pensamientos, mis emociones, mis sensaciones corporales y mis impulsos a la acción donde mi reactividad es como un imán. En ese instante, donde es legítimo todo lo que acontece en un primer momento dentro de mí, el modo ser, ése nivel de conciencia, me permite tomar las riendas y decidir, en vez de reaccionar impulsivamente. En vez de quedarme atrapado en una espiral de pensamientos o una emoción que se intensifica, recobro el momento real y sobre ello decido. Sólo desde esa conexión con la realidad que permite el modo ser puedo obtener la libertad que conduce a la buena toma de decisiones en las gestiones emocionales.

El programa MBCT es un entrenamiento basado en Mindfulness y en el Modelo cognitivo conductual, que nos enseña a pasar de forma deliberada del modo hacer al modo ser cuando el modo hacer ha dejado de ser beneficioso y se ha convertido en el secuestro de nuestra vida y nuestra libertad.

En el siguiente artículo hablaremos de las características concretas que diferencian el modo hacer del modo ser.

Mercedes Rubio

 

 

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