Más que nunca nuestras mentes están proclives a sufrir los desbalances del déficit de atención y de la hiperactividad.

El exceso de estímulos, de requerimientos, dificulta una atención enfocada o pueden constituir serios agravantes cuando  existe una causa genética de una atención deficitaria.

En diferentes grados los desbalances del déficit y la hiperactividad mental nos pueden llevar a algunos de estas tendencias:

  • Decir o hacer algo sin haberlo pensado antes.
  • Distracción con cosas irrelevantes.
  • Estar en piloto automático
  • Olvidos, despistes, problemas de memoria.
  • Sensación de que nunca “da tiempo”.
  • Dificultad para organizarse.
  • Dispersión.
  • Comenzar cosas que no se acaban.
  • Dificultad para realizar asuntos dentro de los plazos.
  • Comprometerse y no cumplir.
  • Inquietud interna.
  • Rumiación, cavilación.
  • Necesidad de mantenerse ocupados en algo.
  • Realizar varias cosas a la vez.
  • Repetir acciones innecesarias.
  • Dificultad en las esperas.

Puede que estemos pasando una “mala” etapa o puede que siempre haya sido así.

Pero cuando esa facilidad de distraernos o esa dificultad para concentrarnos se hacen patentes con una frecuencia e intensidad notoria, manteniéndose en el tiempo, dañan la vida, conducen al malestar y la relación con uno mismo y con los demás, a nivel social, laboral y familiar, se daña.

Está comprobado que nuestro cerebro puede cambiar su estructura con un entrenamiento de la atención a través de Mindfulness gracias a su plasticidad.

La atención se puede ejercitar como si de un músculo se tratase. Las áreas del cerebro que están ocasionando problemas a la hora de centrar y mantener la atención se pueden fortalecer. Las conexiones neuronales van cambiando y se fortalecen los circuitos ejecutivos responsables de la atención.

Enfocar la atención se aprende, se aprende a entrenar la mente.

La vida cambia pues una mente enfocada te proporciona la capacidad de centrarte en lo que haces, regulación emocional y control de los impulsos tanto a nivel de pensamientos, de habla y de acción. Todo ello permite una vida más serena, más plena… llevar las riendas.

Algunas personas dicen: «Si nací con un problema genético como el TDAH, ¿cómo podría cualquier cosa a excepción de una píldora ayudar a mi cerebro?». Ahora podemos decir con total claridad, de acuerdo con una investigación cada vez mayor, que incluso aquellas personas que tienen problemas congénitos pueden aprender a entrenar sus mentes y, por consiguiente, a cambiar sus cerebros. El ingrediente secreto de estos cambios es el entrenamiento de la atención.

Daniel J. Siegel, doctor en medicina.
Profesor clínico de Psiquiatría, Facultad de Medicina,
Universidad de California, Los Ángeles.

 

En Silencio Mindfulness te ofrecemos este entrenamiento a través de sesiones semanales presencial u online, individual o grupal.

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