La palabra sati, de la lengua pali, traducida al inglés como Mindfulness (atención pura, atención plena), data del año 2500 antes de Cristo y definía una enseñanza que procedía del budismo.

¿Cómo llega esta sutil y milenaria disciplina de Oriente a ser abrazada por Occidente conocida como Mindfulness?

La historia comienza a fines del siglo XIX cuando los colonizadores del imperio británico entran en contacto con prácticas budistas en la India y se asombran de la paz y el autoconocimiento de quienes las practican.

Movidos por este interés, en 1875 un grupo de aristócratas europeos y norteamericanos forma en Madrás la Sociedad Teosófica, con el propósito de explorar y divulgar esos antiguos conocimientos.

En 1951 la invasión china del Tíbet llevó al exilio a miles de monjes budistas tibetanos y dio pie a que más personas se interesaran en las prácticas meditativas.

Ya por los años 60 la meditación, el yoga, el Tai Chi, el Chi Kung y otras disciplinas hicieron su desembarco en Occidente.

Un programa de 8 semanas en el ojo de la investigación científica

En 1979, el biólogo molecular Jon Kabat-Zinn, practicante de yoga y meditación Zen de larga data, se propuso investigar científicamente los posibles beneficios de las disciplinas meditativas que él practicaba en un contexto clínico.

Desarrolló entonces un curso de medicina mente-cuerpo de ocho semanas de duración, despojado de creencias religiosas y culturales que llamó Reducción del Estrés basado en Mindfulness.

El curso comenzó en el sótano de la Universidad de Massachusetts, donde Kabat-Zinn recibía derivaciones de pacientes que no habían encontrado alivio con tratamientos convencionales. El experimento fue un éxito: el programa demostró ser eficaz para aliviar un amplio abanico de síntomas: fobias y ansiedad, trastornos de alimentación, conductas adictivas, trastorno límite de la personalidad, depresiones recurrentes, dolor crónico, psoriasis entre otras muchas dolencias.

Tan acertada resultó la iniciativa que Kaiser Permanente, la empresa de atención médica más importante de Estados Unidos, incorporó al poco tiempo el programa a su cobertura comprobando que este modelo ofrecía beneficios a corto, mediano y largo plazo.

El programa fundado por Kabat-Zinn dio origen a la Clínica de Reducción del Estrés, dentro del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Ambos fueron tema del documental “La curación y la mente” a cargo del periodista Bill D. Moyers. El programa comenzó a implementarse en más de 200 centros médicos de Estados Unidos y Europa, y se extendió más allá del ámbito clínico. En los años siguientes, Kabat-Zinn impartió cursos a empresas, jueces, miembros del clero, atletas olímpicos y miembros del congreso de Estados Unidos.

Monjes en el laboratorio:

La práctica modifica estructuras cerebrales y altera los procesos cognitivos y afectivos.

En 1985, el encuentro entre tres visionarios, Tenzin Gyatso (el 14º Dalai Dama), el empresario Adam Engle y el neuro científico Francisco Varela, dio nacimiento al Mind & Life Institute, una organización sin fines de lucro dedicada a investigar la intersección entre las neurociencias y el budismo, con el fin de ayudar a aliviar el sufrimiento y promover la salud a través de un rol activo de autocuidado. Bajo su tutela se organizaron encuentros cumbre sobre el cerebro y las emociones, la compasión y el altruismo, la neuroplasticidad y la naturaleza última de la conciencia y la realidad.

En el 2005, un ejemplar de la revista National Geográphic reflejo estos avances con una portada que mostraba a un monje tibetano con la cabeza cubierta de 128 electrodos y preguntaba: ¿”Qué secretos guardan los cerebros de las personas que han dedicado años a esta práctica de la meditación budista?” La respuesta que daba la nota era contundente: numerosas investigaciones habían revelado que el ejercicio sostenido de la práctica contemplativa produce cambios en diversas estructuras cerebrales y altera los procesos cognitivos y afectivos. Estos descubrimientos terminaron de cimentar el interés en Mindfulness por los beneficios evidentes en toda persona que la cultiva disciplinadamente con intención, atención pura, paciencia y corazón.

Como ampliación de este programa aparecía en los años 90 una nueva disciplina hermana, la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness, la MBCT, conectada a la escuela psicológica neuro cognitiva. Aportó tal evidencia científica, éxitos clínicos y profesionales tan efectivos que se convirtió en un «tratamiento de elección» en la medicina pública estatal en el Reino Unido.

La base esencial de Mindfulness, definida por las disciplinas orientales como una forma de meditación natural que nos acerca a lo que ES, se desnuda de implicaciones espirituales y de rituales para apoyarse en un método de raíz cognitiva, lógico, basado en la busca de un tipo de conciencia «que aparece al prestar atención deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar, a cómo se despliega la experiencia momento a momento”.

Mindfulness ejercita la mirada atenta a lo que deviene, la percepción clara de la falsedad de nuestro apabullante mundo interior (sensaciones, emociones, opiniones y creencias) y el poder de «soltarlas» en la no-identificación.

La mejora de salud física y orgánica, el perfeccionamiento de las funciones cognitivas, los efectos positivos en las relaciones con uno mismo y con el Otro, la calidad progresiva en cuestiones neurológicas de amplio espectro, no son objetivos ideales sino fácticos, científicamente mensurables y estadísticos. En una palabra: transforman la vida del practicante, que deja de intentar controlar el mundo que le rodea y su propia inclusión en él.

 

Mercedes Rubio Condado

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