La semana pasada empezamos a hablar de la relación entre Mindfulness y Chi Kung dejando pendiente para hoy el papel crucial que Mindfulness da a la conciencia corporal y la importancia que tiene la práctica de Chi Kung.

Mindfulness nos ayuda a desarrollar una atención plena y una conciencia tanto de lo que acontece a nuestro alrededor como de lo que acontece en nuestro interior. Esta conciencia de nuestro interior abarca pensamientos, emociones, sensaciones físicas y reacciones conductuales proyectándose no sólo en cómo nos relacionamos con nosotros mismos sino también con el exterior.

Como comentábamos la semana pasada, detectar la naturaleza de los pensamientos o de las emociones puede ser difícil debido a su sutileza, pero el cuerpo, que es el medio donde acontecen, siempre reacciona de una manera u otra, y eso sí que es identificable pues es físico, tangible.

Por ello Mindfulness da tanta importancia al desarrollo de la conciencia corporal.

El cuerpo puede pasar de ser un soporte de “funcionalidad” (al que no hacemos caso mientras no duele y del que nos quejamos y con el que nos enfadamos si empieza a ser un obstáculo en nuestro devenir diario) a ser nuestro “amigo”, nuestro gran aliado, al que cuidamos, al que agradecemos lo que nos brinda y por el que sentimos compasión (que no es sentir pena sino “sufrir con” sintiendo empatía y ganas de ayudar) cuando se siente enfermado o dañado.

A veces sentimos lástima cuando vemos que seres indefensos no reciben el trato adecuado: animales, niños, ancianos… pero, ¿y qué hay de nuestro cuerpo?, ¿se puede defender?, ¿cómo se siente cuando nos “habla” y no le escuchamos, cuando se “queja” por no recibir un buen trato?

Las enfermedades y el dolor no siempre tienen su origen en accidentes, en virus…también pueden constituir la reacción del cuerpo ante nuestros malos hábitos físicos (como la falta de ejercicio, la falta de horas de sueño), alimentarios, la incidencia de emociones como la ira, el desasosiego, el estrés…

Es importante ser conscientes de cómo el cuerpo va respondiendo en cada momento.

Por ejemplo, llevamos unas horas trabajando con el ordenador y de repente sentimos un dolor de pierna con cierta intensidad. Con una conciencia corporal desarrollada hubiéramos percibido el comienzo de la molestia y hubiéramos reajustado nuestra posición o nos hubiéramos levantado para estirar un poco.

Con la emociones ocurre lo mismo. Decía esta semana una alumna mía de Chi Kung: “Cuando las emociones no hablan, el cuerpo llora”, y así es. Cuando vamos educando nuestra sensibilidad hacia la percepción de las sensaciones corporales, podemos percibir también el origen de la emoción y su naturaleza. Y a la vez que la emoción puede influir en nuestro cuerpo, también nuestro cuerpo puede influir sobre la emoción.
Chi Kung es un medio idóneo para desarrollar esta sensibilidad de “escucha” corporal: al utilizarlos como ejercicios para la conciencia, sus suaves movimientos se convierten en potentes herramientas no sólo del bienestar físico sino de nuestra percepción.

Chi Kung es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos, ofreciendo a nuestro cuerpo un ejercicio físico respetuoso, suave y eficaz, dando a nuestra mente un paréntesis de bienestar. Realizado como práctica de Mindfulness, nos brinda la oportunidad de desarrollar una sensibilidad de la percepción de nuestro cuerpo que nos lleva a una relación amable con él, lo que redunda en nuestra autoestima, nuestra seguridad, nuestro bienestar físico-emocional, en nuestra manera de relacionarnos con los acontecimientos externos y con los demás.

¡Feliz semana!

Mercedes Rubio Condado

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