Hoy quiero proponerte una forma con la que puedas contribuir a tu bienestar físico y a tu serenidad a través de los movimientos cotidianos que realizas en tu día a día. Se trata de cultivar la “filosofía” que se desprende de la práctica de Chi Kung a través de Mindfulness: un “hábito” de movimiento consciente terapéutico y de serenidad mental.

Consiste en llevar toda tu atención a las sensaciones físicas del movimiento mientras lo realizas, de “saborear” el movimiento.

Por ejemplo, giras tu cabeza para alcanzar a ver algo: lleva tu atención a lo que sientes en los músculos de tu cuello y pon tu límite en el giro cuando notes que va a pasar a ser molesto. Fíjate después en la sensación de relajación cuando llevas de nuevo tu cabeza a su sitio ¡es un placer!

Vas a coger un peso: lleva toda tu atención a las sensaciones de tu espalda, tus brazos, no fuerces a tu cuerpo y saborea el punto del esfuerzo sin permitir que de paso al dolor.

Te inclinas a hacer la cama: observa cómo te arqueas, las sensaciones que surgen… nota después cómo es incorporarte

Y de esta manera además… ¡se hace el silencio en tu mente porque tu atención se centra en lo tangible, en las sensaciones, que se convierten en tu toma de tierra!

Las sensaciones corporales sustituyen el ruido mental, ese rumiar y cavilar que nos secuestra gran parte de la vida pues nos impide ser conscientes de lo que acontece en cada momento.

El movimiento consciente es una propuesta sencilla, que la puedes realizar siempre que te acuerdes y te apetezca. Con la práctica, iras creando un hábito de consciencia que te deparará: bienestar físico por no sobrepasar tus límites, una mayor conexión y conocimiento de tu cuerpo, y serenidad para tu mente que se ancla en las sensaciones.

Otra propuesta es que te marques unos movimientos habituales a los que llevar tu atención.

Por ejemplo, puedes elegir “cada vez que friegue los platos”, llevando entonces la atención a las sensaciones de tu espalda dándote cuenta si tu posición está cargando la zona lumbar, las sensaciones de los músculos de tu cuello por la inclinación de tu cabeza, cómo sientes tus rodillas, algo flexionadas o tensas…

Con la intención de que esta propuesta te guste y contribuya a tu bienestar, recibe mis mejores deseos.

Mercedes Rubio

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